La fuente del haya
(De Lamartine)
Fuente murmuradora y cristalina
Que de la roca, por tu impulso abierta,
Surges, rodando en limpia cascada
Sobre la verde y florecida hierba;
Roto el tazón pulido de alabastro
Donde caías desatada en trenza,
Tu veneno se escapa y va a perderse
A los húmedos bajos de la selva.
No arroja ya por las nasales fosas
Tu delfín, coronado de la hiedra,
En luminosos arcos espumosos
El caudal de tus aguas plañideras;
Ni tienes otro amparo que la sombra
Del haya que en ti viéndose contempla
Cómo su corazón carcome el tiempo,
Su sabia enfría y su ramaje seca.
En otoño sus hojas amarillas
Caen en ti como lluvia de tristeza,
Y el húmedo verdín va de tu estanque
Corroyendo las mal unidas piedras.
Mas tú no dejas de brotar, fecunda
Como esas almas pródigas y tiernas
Que, maltratadas, su dolor olvidan
Por consolar la desventura ajena.
Sobre tu rota pila recostado,
Miro cómo te filtras en la tierra,
O detienes tu curso rumoroso
En las guijas que al paso redondeas.