Torre de Guzmán
CANTO V (1). SEGUNDA PARTE.
VIII.
Apenas se apartó del señor Cura,
Joaquín corrió al encuentro de Manolo,
Quien, con su negra pesadilla solo,
Ardía en rencorosa calentura.
— ¡Hola—Joaquín le dice—buena pieza! —
Y procurando hablar con mimo y gracia,
Este breve discurso le endereza,
Lleno á su parecer de diplomacia:
— Ni tienes tú para el oficio rejo,
Ni puedo consentir que apenas mates
Con tonterías á tu pobre viejo.
¿Qué haces tú con nosotros? Disparates.
Ni acechas con la astucia de la zorra,
Ni atacas como el lobo;
A pesar tuyo te repugna el robo,
Y miras el dinero con pachorra:
En fin, que eres un bobo
Que en nuestro oficio se metió de gorra.
¡No me mires así ni te alborotes!
Vuelve á tu vida antigua,
Y déjate de andar en estos trotes,
En los que apenas sirves de estantigua.
Tu padre, como fruto que se agosta,
Se ha quedado en les huesos y el pellejo,
Y se irá de este mundo por la posta,
Sin tu amor, tu compaña y tu consejo.
A su lado, Manuel, te llama el sino.
Aquí eres, ya lo sabes, un engorro;
Con que en marcha, y que alumbre tu camino
La Santísima Virgen del Socorro.