jueves, 23 de enero de 2020

Jose Velarde visto por Valera

Todavía de los que fueron poetas ante todo, me incumbe decir aquí algo sobre dos, excelentes ambos, de idéntica mala ventura durante la vida mortal, poco venturoso el uno aun después de su temprana muerte, y muy feliz el otro porque logró repentina y extraordinaria fama póstuma, de la que era por cierto merecedor, pero que nos sorprende a causa de la poca atención que por aquel tiempo, según ya hemos lamentado, prestaba el público a la poesía.
El primero de los aludidos poetas fue D. José Velarde. Crítica desapiadada y acerba se ensañó contra este vate bondadoso y dulcísimo, y le amargó la vida. Sin duda el incurrió en un error, harto grave, pero inocente: en el error de creer o más bien de soñar con la posibilidad de que pudiese alguien entonces ser principal y casi
exclusivamente poeta lírico y narrativo, como se puede ser abogado, medico, empleado en Hacienda, y ya, a Dios gracias, hasta dramaturgo y novelista. Velarde se aventuró, pues a una empresa casi imposible, y tuvo que ser cruel su desengaño. Pero prescindiendo de esto, debemos hoy hacerle justicia. Preciosos son ss versos e interesantes sus narraciones. El poema Alegría, lo mejor en mi opinión, que nos ha dejado, es rico en delicados sentimientos, en colorido para pintarnos la hermosura del suelo y el cielo de Andalucía, y en talento de observación y artística flexibilidad de estilo para ver y representar la vida en aquellos lugares y faenas, regocijos y pasiones enérgicas de sus rústicos habitadores. A la verdad, yo no comprendo sino como manía de ensalzar lo extranjero y de denigrar lo propio, que no se estime Alegría y otros poemitas de sucesos campesinos de la edad presente, aunque las comparaciones son odiosas, como Herman y Dorotea, de Goethe, y Evangelina, de long-fellow.
El otro poeta que vivió acaso en mayor estrechez que Velarde, pero sobre cuyo sepulcro la muerte, justa dispensadora de gloria, vertió de súbito esplendores que no se oscurecen y lauros que no se marchitan, fue Gustavo Adolfo Becquer. Acaso  nadie, después de Zorrilla, ha sido tan popular en cuantos países
de ambos mundos se sigue hablando la lengua castellana. Acaso en ningún Estado de la América ni en nuestra Península guarden las gentes en la memoria ni reciten con mayor efusión que los versos de Becquer los de cualquiera otro poeta del día por celebrado que sea. Menester es, por consiguiente, que aun digamos algo de Becquer al empezar el siguiente artículo, aunque se dilate más de lo que pensábamos nuestro trabajo.
Florilegio de poesía castellana, Juan Valera 1824 1905 

domingo, 19 de enero de 2020

Robo a José Velarde en las Cabezas de San Juan

Copyright foto: Colección Particular Pérez de la Cerda

La correspondencia española 15/3/1891
Ha sido víctima de un escandaloso robo en el tren de Andalucía el distinguido poeta D. José Velarde, al regresar a Madrid con su esposa e hijos, al cabo de prolongada ausencia.
Detuviéronse todos en las Cabezas a pasar algunas horas con un individuo de su familia, y al llegar a esta capital han tenido el disgusto de encontrar casi vacíos, aunque cerrados, los mundos y baúles, que contenían sus ropas y objetos de algún valor.
 Los ladrones solo les han dejado los vestidos de los niños de corta edad, sin duda por no servirles para nada.            
La libertad 22/3/1981
Ha sido descubierto el robo de que fue víctima hace pocos días en la estación de Cabezas de San Juan el poeta D. José Velarde, habiéndose recuperado muchas de las prendas sustraídas de los baúles y dos pares de Zarcillos pertenecientes a la esposa del Sr. Velarde.
Han sido detenidos el jefe de estación y el  guarda aguja

miércoles, 15 de enero de 2020

Una Leyenda Inédita

Copyright Foto: 1/7/1962 Colección particular Perez de la Cerda
1881 01 23 Madrid Comico una Leyenda Inédita

martes, 14 de enero de 2020

Los hombres del día

La revista Blanco y Negro en su ejemplar nº 1 publicó los "retratos" de: Nuñez de Arce, Palacios, Zorrilla, Ferrari, Velarde, Campoamor, Grilo, y Reina
Blanco y Negro 
Revista Ilustrada nº 1, año 1891

lunes, 6 de enero de 2020

El aire que tu abanico

El aire que tu abanico,
Hermosa niña, levanta,
No es aquel que el cielo nubla,
Estremece las montañas,
Alborota el oleaje,
Cimbra y abate la palma,
Las mieses fecundas trocha
Y al roble del suelo arranca:
Sino el dulce que palpita
De la alondra en la garganta,
Temblando las flores mece,
Susurra en las enramadas,
En la fuente burbujea,
Vibra en las cuerdas del arpa,
Languidece en los suspiros
Y en los ósculos estalla.
José Velarde
Blanco y Negro 
Revista Ilustrada nº 1, año 1891

miércoles, 1 de enero de 2020

El Rey y el gusano


Blanco y Negro 
Revista Ilustrada nº 1, año 1891
  
Hubo un rey (se ignora donde)
De tal fortuna y valor,
Que del mundo se hizo dueño
Y le aclamaron por Dios.
   Orgulloso, en su bandera
Hizo bordar un león,
Espejo  de la bravura,
Poderío y esplendor.
   Una tarde de verano
En que al sueño se rindió
Bajo la bóveda espesa
De unos rosales en flor,
   -¿Quién – soñando se decía –
Alcanza mi elevación?
¿Quién tan fuerte, tan amado,
Tan dichoso como yo?-
   Del ramo que sombreaba
La frente del soñador,
Por una hebrilla de seda
Un gusano descendió,
   Y columpiándose encima
Del magnífico señor
Al  oído estas palabras
Muy quedo le murmuró:
   -Iluso ¿qué de tu fuerza,
Soberanía y valor,
Si un insecto en ti clavase
Su envenenado aguijón?
   Vives pegado a la tierra
Mirar no puedes al sol,
Ni satisfacer las ansias
Que agitan tu corazón.
   Los cuidados te desvelan
La envidia te da amargor,
La lisonja te ensordece,
Y te ciega la ambición.
   Al juzgarte amado, tomas
Por simpatía el temor,
El interés por cariño
Por verdad la adulación.
   La peregrina belleza,
Que de tu vida es el sol,
No se rinde en ti al amante,
Se vende al emperador,
   Te enriquece lo que robas
A quien por ti trabajó,
Y lagrimas sangre y muerte
Tus glorias dejan en pos.
   Te tiene por sabio, y fías
Del consejo del traidor;
Te crees libre y eres sólo
Juguete de tu pasión;
   Y mientras sueñas en triunfos
Eternos cual los de Dios,
Te está cavando la fosa
De la muerte el azadón.
   Poder que en la tumba acaba,
Dichas que mata el dolor,
Glorias que borra el olvido,
Miseria y mentira son.-
  
Embargado por el sueño
El movimiento y la voz,
En vano el rey pretendía
Confundir al orador
   La sierpe de la congoja
Al cuello se le enroscó,
Y turbó el silencio el duro
Latir de su corazón
   -¡Calle el gusano ante el hombre!-
Con eco desgarrador
Exclamar al cabo pudo,
Y otra vez se aletargó.
   Estremecido el gusano
Del eco a la vibración,
En su columpio de seda,
Como un péndulo osciló;
   Más, recobrando, al oído
Se detuvo del señor,
Y su cortada fraterna,
De esta suerte reanudó:
   -Mira dentro de ti mismo
Y mira a tu alrededor,
Y verás como es el hombre
Más desdichado que yo.
   Al nacer desnudo, inerme,
En llanto rompe su voz;
Para vivir necesita
De la ajena protección;
   Nada en el mundo consigue
Sin trabajo y sin dolor,
Y su primer enemigo
Es su propio corazón.
   En la muerte, que es comienzo
De otra existencia mejor,
Se empeña en ver de la vida
El fin y la negación;
   Y en la vida, que es tan breve
Que al comenzar ya pasó,
De lo infinito y lo eterno
Quiere hallar la posesión.
   Al cabo se rinde y muere
Gimiendo como nació,
De haber ¡ay! Hombre nacido
Quejoso quizás de Dios.
   En cambio el gusano sale
Del huevo que lo encerró
Para encontrarse alojado
De un fruto en el corazón.
   Goza en el de la abundancia,
Y de la luz yendo en pos,
El fruto deja por hojas
De abrillantado verdor,
   En las que el aire le halaga
Con su dulce ondulación,
Con su frescura el rocío,
Y con sus rayos el sol.
   Así vive, y cuando crece,
Se labra rica mansión
Con un hilillo de seda
Que saca de su interior.
   Se duerme en ella, y por gracia
Que nunca otro ser logró,
Sin transitar por la muerte,
Renace a vida mejor.
   Ya el gusanillo, trocado
En mariposa veloz
Que el iris con sus colores
Y luces abrillantó,
   Libando néctares dulce,
Ebrio va de flor en flor,
Sacudiendo el polvo de oro
Que sus alas matizó.
   Busca a su amante, y cumplido
El misterio del amor,
Pliega sus alas, y muere
Junto al ser a quien amó;
   Sin agonía, sin penas
Que turben su corazón
De haber nacido gusano
Dando mil gracias a Dios.
   Ahora, di, ¿Quien en la tierra
Goza de dicha mayor,
El hombre, como tú, grande,
O el gusano como yo?-
    Dijo, y a la altura ganando
Por el hilo temblador,
En el cáliz de una rosa,
Enroscado, se ocultó.
   Y es fama que tanto pudo
En el rey aquella voz,
Que, en humilde convertida
Su arrogante condición,
   Tuvo por vanas las glorias
Que hasta entonces alcanzó,
Y en su bandera un gusano
Puso en lugar de un león

José Velarde

martes, 31 de diciembre de 2019

Fin de Año

                    Fin de Año 
¡Oh, cuánto nombre de grandeza vana 
que se creyó inmortal, desvanecido 
al extinguirse el ultimo tañido
con que anunció la muerte la campana!
¡Cuánto magnate de hoy polvo mañana
que barrerá la mano del olvido,
como barre el Simoun embravecido
la huella de perdida caravana!
¿Qué gloria, que poder que no sucumba?
Cuanto más alto el muro, menos fuerte,
y con mayor estruendo se derrumba.
Todo, al fin en cenizas se convierte,
y atados deja iguales en la tumba
el nivel del olvido y de la muerte.
José Velarde

1896/04/15 Diario de Tenerife, Periódico de intereses generales, noticias y anuncios fin del año

jueves, 26 de diciembre de 2019

Dedicatorias a Velarde



 José Zorrilla
Recuerdos del Tiempo Viejo, Imprenta de los sucesores de Ramirez y Cª, Barcelona 1880
En este enlace podeis ver el libro completo



Salvador Rueda
Poema Nacional, editado en Madrid por Est. Tip. de Ricardo Fe en 1885
En este enlace podeis ver el libro completo

Carlos Fernandez Shaw
Poesias, Madrid imprenta de Fortanet en 1883 
 En este enlace podeis ver el libro completo