Fuente: Hemeroteca digital BNE
Foto: Antonio Leal
Lo primero de que nos creemos obligados a tratar es de La Fuga, canto 3º del poema alegría, original de D. José Velarde.
Supuesto que nuestros lectores habrán leído los cantos que antecedieron , no hay para entrar en examen general de la obra, debiendo limitarnos al juicio que La Fuga nos merezca.
En este canto, como en los dos anteriores, la musa del Sr. Velarde, abandona aquel tono legendario de La Velada, Fray Juan y La Venganza, y amoldando sus pensamientos al gusto moderno, los expresa con una encantadora sencillez, por cierto muy propia del asunto que desarrolla. La fluidez de sus versos, la facilidad de las estrofas, lo delicado de los pensamientos, y más que nada, la elegancia, buen gusto y corrección del lenguaje, son de tal mérito, que a nuestro entender, son expresión de un indiscutible adelanto del Sr. Velarde.
El idilio que narra y describe en su poema Alegría tiene tanta vida, tanta alegría y tanta naturalidad, que lo que describe se ve, lo que narra se siente.¿A quién no le complacerán las cartas que entre el soldado Perico y su novia se cruzan? Empieza él su carta así:
Sabrás cómo he logrado, vida mía
por mi conducta y mi saber, la ganga
de poderme plantar desde este día
dos cintas coloradas en la manga.
Cabo soy; mas no tengas sentimiento
por verme a tal altura remontado,
que a mí no me infla de la gloria el viento.
Quien te quiso soldado,
cabo te quiere, y te querrá sargento.
Esta carta, tierna llena de naturalidad y de gracejo; la que Alegría le responde; la descripción de las faenas del Señó Jeromo, que
Á pesar de cumplidos los setenta,
la impresión del mismo al saber el amor de Manuel hacia Alegría, y ver una lagrima en los ojos de aquel, cuyo pecho creía endurecido, y, por último, la fuga de Alegría en busca de su amado Perico, son bellísimos trozos de poesía.
El Sr. Velarde, como poeta lirico, ha dado un gran paso desde la publicación del primer canto de Alegría; ya no insiste en el relato de añejas leyendas, en cuyo empeño se suele tropezar con la monotonía; ya no diluye el asunto en facilísimas, correctas y sonoras quintillas, sino que elige asuntos más propios del gusto actual y los viste de una estrofa que se adapta perfectamente a la idea; y en esta labor, y en esta evolución, resulta cada día más correcto, más original y más brillante.
El poema Alegría, especie de novela en verso, cuadro campestre, cuyas escenas se versifican en Andalucía, será seguramente una producción de las que más influyan en el renombre del poetaLA ERA
A JUAN PEDRO DE AMAYA, POETA ESPONTÁNEO Y HONRRADO LABRADOS
AL SEÑOR DON JOSÉ VELARDE
IINSPIRADO POETA
Teodomiro o la cueva del Cristo se titula una leyenda en verso, debida al distinguido poeta José Velarde. Este Teodomiro es el célebre godo, que después de la derrota del lago de Sanda fundó y sostuvo un pequeño reino en Orihuela, cuya independencia fue reconocida por los árabes. El señor Velarde no ha escogido para asunto de su leyenda este hecho notable; antes falseando la historia sin el menor escrúpulo, hace morir a Teodomiro en el primer encuentro que tuvo con los invasores, siendo gobernador de Andalucía. Enlazando con este hecho un supuesto amor que el célebre conde don Julián profesa a Clodosvinda, esposa de Teodomiro, y una ruin venganza que de los desdens de esta pretende tomar el desairado conde, ha forjado el señor Velarde una leyenda no muy interesante ni ingeniosa, pero digna de estima por algunos pasajes bellamente versificados, entre los cuales merecen notarse la carta de Teodomiro al rey Rodrigo, la descripción de la batalla entre árabe y cristianos y la escena final de la leyenda.
Leyendo esta producción se advierte al punto que ha cuanto a mayor altura se remonta el señor Velarde, es cuando sigue fielmente los pasos de su maestro y protector señor Núñez de Arce. Tal se observa en la carta de Teodomiro, que no se desdeñaría de firmar el ilustre autor de La selva oscura, tanto por la alteza de las ideas y sentimientos que en ella se manifiestan, como por la gallardía de los robustos tercetos en que está escrita. Pero en otras ocasiones, el señor Velarde se abandona un poco y escribe versos incorrectos o duros, o combinaciones métricas tan inarmónicas como la que se halla en la dedicatoria de la leyenda. Esto no impide, sin embargo, que considerada en conjunto merezca aplauso esta producción, así como las tres composiciones sueltas que se le han agregado para completar el tomo.
También se ha publicado en estos días un folleto que contiene ocho poesías liricas del joven poeta don Plácido Langle, premiadas en un certamen celebrado en Almería. Como el que esto escribe formó parte del Jurado que otorgó el premio al señor Langle, no pueda formular juicio alguno acerca de tales producciones.
M. de la Revilla.
Fuente: Hemeroteca digital BNE
FRAY JUAN
Fragmento de un poema del laureado poeta D. José
Velarde, a la memoria del malogrado Rey Alfonso XII
CANTO SEGUNDO
Diez años han transcurrido desde que Fray Juan abandonó su patria buscando olvido a la pasión que abrasaba su alma; ni los rudos trabajos, ni la larga ausencia, hicieron mella en su vivir, ni acallaron los ímpetus de aquella pasión pura y fugaz que una vez traspasó su corazón y al retornar a los campos de verde esmeralda de olivares, donde negrea la aceituna pendiente de sus ramas que el mirlo picotea silbando al posarse entre ellas; vislumbra a su través el terruño y la iglesia parroquial.
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GACETILLAS.
El Ayuntamiento ha invitado a los poetas más renombrados de esta capital para que escriban composiciones dedicadas al restablecimiento de la paz, a fin de que sean leídas en el teatro de Cervantes la noche en que se celebre la función patriótica que ha de formar parte de las fiestas. Entre las personas que ha recibido la invitación se cuentan las siguientes:
Señora doña Antonia Díaz de Lamarque, señorita doña Mercedes de Velilla y Rodríguez, y señores don Juan José Bueno, don José Lamarque de Novoa, don José Sánchez Arjonas, don Eloy García Valero, don José de Velilla y Rodríguez, don Luis Montoto, don Benito Mas y Prat, don Luis Escudero y Perosso, don Felipe Pérez y González, don Manuel de los Palacios y Fagundez, don Carlos Jiménez-Placer, don Juan Martos, don José Velarde, don Manuel Cano y Cueto, don Eduardo Zamora y Caballero, don Carlos Peñaranda y don Agustín González Ruano.
Fuente: Internet Archive
Después de la Meditación, compuso Velarde otras producciones, tomando siempre por modelo al autos del Idilio, y cuando mayor afán sentía por pisar la cumbre, cayó como tantos otros, en plena juventud, sin otro premio para sus afanes que las caricias mentirosas de la ilusión.
Fuente: Internet Archive