viernes, 30 de junio de 2023

El Campo Santo




Por no apartarse de la iglesia santa,
el cementerio humilde de la aldea
en medio de los vivos se levanta.

De negro barro y de ladrillo rojo
un muro sin revoque le rodea,
que ya del tiempo destructor despojo,
a trechos está unido por bardales
de apisonada tierra, donde crecen
la pita, la chumbera y los zarzales,
y donde en el verano reflorecen
espinos majoletos y rosales.

La puerta, sin pintura carcomida,
al abrirse ó cerrarse para el muerto
parece que solloza dolorida,
exclamando: <<Venid, que este es el puerto
donde acaban los males de la vida>>.

Dentro, la vanidad aparatosa
las cenizas en mármoles no encierra,
y dulcemente el campesino posa
en el regazo de la madre tierra
sin sufrir ni aun el peso de la losa.

Cubierto por el césped de verdura,
aquel paraje destinado al duelo
no lleva espanto al alma ni amargura.

A no ser por las cruces de madera
que señalan las fosas en el suelo,
un huertecillo alegre se creyera,
pues cubren los sepulcros y el osario
el limonero, el álamo y la higuera;
y no hay más obelisco funerario
que un ciprés, que se eleva con anhelo
por encima del mismo campanario,
para indicar la senda que va al cielo.

Datos de: Biblioteca Virtual Andaluza

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