miércoles, 28 de agosto de 2013

Carta 2ª de Zorrilla a Velarde

Horno
2

Barcelona, 25 febr[er]o [1881]

Mi querido Velarde: le he escrito hace unos días una larga y alegre carta, escrita bajo la agradable impresión de la ultima suya. Temo que no la haya V. recibido, porque se la dejé al estanquero que me certificó el artículo del imparcial y recuerdo que no la eché yo mismo al buzón. Dígame V. si la ha recibido, y si no para reclamarla.

Hoy le escribo a V. en una situación amarguísima: he tenido que enviar a esa a mi mujer a que recoja el último suspiro de su padre, a quien, según telegrama de ayer 24 a las diez, iban a sacramentar a las II. Yo la he dado para irse todos los puñados de duros que aquí tenía; he escrito a Gasset y Artime para que no la retrasen el pago de los artículos y a un mi amigo muy antiguo que ahí tengo, que le habrá llevado mil rs. más . Aquí recogeré [otro] puñado de duros que mandarla, y no creo que la falte, aunque si entran los curas en la casa, todo es poco. Mi suegro debe haberse muerto al ver al primero.

jueves, 22 de agosto de 2013

Carta Iª de Zorrilla a Velarde

A Dávila
I

Barcelona, 19 febrero 1881

Mi querido Velarde: su carta de V. me ha hecho llorar, pero ¿qué menos podría yo hacer que dar a V. las gracias públicamente por la pública defensa que de mí hizo en su primer articulo?

Tengo el convencimiento, y lo creo en conciencia desde la primera poesía que de V. leí, de que es V. el primer poeta de la segunda mitad del siglo XIX.

Tiene V. la belleza de la forma, la corrección, de la palabra, la armonía de la versificación, y el lujo meridional de ideas de los mejores tiempos de su tierra.

Yo, que tengo sobre todos mis contemporáneos la ventaja de no tener envidia, ni soberbia, ni pesar del bien ajeno, tres vicios de nuestra época, le vi a V. surgir con el placer más sincero; y si hay alguno al que pueda llamarle regosijo de las musas es a V. que rebosa poesía por todos los poros. Sus versos de V. trascienden al azahar y las magnolias de las riberas del Wad-al-kebir: tiene la tendencia a cuajarse en forma clásica sin dejar de ondular y flotar vaporosos en el vago ambiente del indeterminado romanticismo; están llenos de pensamientos profundos y trascendentales, servidos en la salvilla de trasparente y valioso cristal de roca de una amenidad y franqueza de[dicción] que se bebe sin sentir como la ambrosía; no tiene V. aún género determinado, vacila V. aún entre el entusiasmo que se deja arrastrar libre, valiente y espontáneo por la propia inspiración y el vulgar instinto de seguir la corriente de lo que da dinero, bajo la forma en [que] el vulgo lo acepta. Hoy hace V. doloras, mañana dice V. «poemas»… Ni las doloras son dignas de V., que pica más alto, ni los poemas lo son, en la acepción clásica de la palabra. Poema es una voz griega que significa una composición que consta de todas las partes de que debe constar: un epigrama, un epitafio, un madrigal es un poema en este sentido; los que han introducido esta palabra como título de las modernas composiciones lo han hecho furtivamente, porque el vulgo crea que rayan en la altura del poema, que es el épico no más y que no es lo que hoy se hace; poema es toda composición, pero no se aplica más que al poema épico, a la gran narración de un hecho en cuya acción luchan los dos opuestos intereses de dos razas, de dos religiones, de dos banderas, de las cuales la vencedora crea una raza, una fe y una enseña nueva que tremola sobre la ruina, la gloria y la memoria de la raza vencida. Esto es un poema, es decir epopeya, y nosotros no tenemos más que Granada y Méjico: yo no supe hacer la primera, y García Gutiérrez no es ya hombre para la segunda.

domingo, 11 de agosto de 2013

En la carcel

Fosil

Tendido en el duro suelo
De un húmedo calabozo,
Duerme un criminal, tan malo
Como feroz es su rostro.

De guitarras y zambombas
Despiértale al alboroto,
Y - <<¡ Madrecita del alma! >> -
Dice, rompiendo en sollozos.

José Velade

viernes, 26 de julio de 2013

Articulogía

Playa de la fontanilla

Sesenta mil satanases te lleven a ti y a tus refranes. Dime ¿dónde los hallas, ignorante, ó como los aplicas, mentecato, que para decir yo uno y aplicarle bien sudo y trabajo como si cavase?

Si no con estas razones del hidalgo manchego al socarrón de Sancho, con otras parecidas, aunque doradas como píldoras para quitarles todo amargor, increpaba yo hace algunos días á un condiscípulo mío que no pudiendo digerir el digesto, se ha dado á escribir artículos a troche y moche

- Tu eres el mentecato – me contestó – al tomar por de tanta monta asunto tan baladí. Si me escuchas con paciencia y yo acierto á explicarme, vendrá al cavo á convenir conmigo en que no hay oficio mas fácil que el de articulista, como no sea el de empleado, pues con aprender cierta rutinilla, allá van artículos á porrillo, sin tener que dar tortura al caletre con estudios y cavilaciones.

domingo, 21 de julio de 2013

Cartas de José Zorrilla al poeta José Velarde (1881-1891) Marta Palenque



«Mal que pese a cuantos quieran vestirse con ajenas galas, juntos correrán los nombres de Zorrilla y Velarde» (L. Montoto, Estafeta literaria, 1913)

El libreto Dauriat a Lucien: «Cuando os hagáis rico, entonce podréis vender versos» (H. de Balzac, Ilusiones perdidas, 1837-1843)




El nombre del poeta gaditano José Velarde está unido al de José Zorrilla, pues fue el impulsor de Recuerdos del tiempo viejo (1880-1882, 3 Vols.), deshilvanado y heterogéneo libro de memorias compuesto por las cartas que, dirigidas en un principio a Velarde, vieron la luz en Los Lunes de El Imparcial a partir de octubre de 1879. Zorrilla le dedico la obra: «Al egregio poeta Don José Velarde en prenda de amistad y agradecimiento, José Zorrilla. Barcelona, Iº de enero de 1881» y narró en los preliminares las circunstancias de este decisivo estimulo. Cuenta aquí la triste situación económica que atravesaba el 27 de junio de 1879, cuando recibió la noticia de que la pensión asociada a los Lugares Píos italianos (la disfrutaba desde 1871) había sido suprimida. Pidió entonces ayuda o trabajo a los editores Montaner y Simón, al arzobispo de Valencia, al empresario del Teatro Español y al ministro de fomento (conde de Torono), pero solo obtuvo promesas y poco dinero. El mejor apoyo vino de Federico Balart, a través de cuyas gestiones comenzó a publicar artículos pagados en Los Lunes de El Imparcial. A la vuelta de las vacaciones estivales, sus influyentes amigos y protectores movieron los hilos para que volviese a cobrar la pensión, aunque disminuida. Zorrilla siempre justificó este sueldo como una suerte de desagravio por haber perdido el derecho sobre sus obras más famosas (Don Juan, El zapatero y el rey), escritas antes de la ley de propiedad de 1847. el recorte le obligó a trabajar con más ahínco. La nueva corrió por Madrid y fue conocida muy pronto por escritores, artistas y el público general. En este momento entra en escena José Velarde, quien, gran admirador del poeta y escandalizado por su suerte, envió una carta abierta a El Imparcial, el 29 de septiembre de 1879, denunciando el hecho:

¿Cómo premia la patria los merecimientos de su esclarecido hijo?

Hoy que la edad le agobia y el trabajo le fatiga, le ha retirado la modesta asignación con que vivía y lo ha abandonado a la miseria, sin duda para que ciña a un tiempo a sus sienes la corona de laurel de la poesía y la espina del martirio.

Zorrilla contestó expresándole su satisfacción y comenzó a relatarle su vida, desgranando peripecias e infortunios: «La primera carta del bravo Velarde me dio pie para contar lo pasado en el cementerio al borde de la tumba de Larra: y por este recuerdo, como quien tira del hilo de una madeja enredada, fui yo tirando de mis pobres recuerdos del tiempo viejo hasta formar con ellos el mal devanado ovillo de lo contenido en este libro. La carta remitida por Velarde a El Imparcial se copia al frente de Recuerdos del tiempo viejo cuando se edita como volumen y su nombre se repite como receptor en las primeras epístolas. Desde este momento se convierte, además en el interlocutor de una correspondencia privada a través de la cual podemos profundizar en la biografía de zorrillesca.

Boletín de la Real Academia Española Tomo LXXXVIII Cuaderno CCXVIII Julio-Diciembre de 2008

Cartas de José Zorrilla al poeta José Velarde (1881-1891).
Marta Palenque

sábado, 13 de julio de 2013

Alma de mar (fragmento)


En las tardes de verano,
No ha mucho tiempo, solía
Encontrar allí un anciano
Que, como yo, se aplacía
Contemplando el océano.

El imperio de su faz,
Su nerviosa contextura
Y su voz áspera y dura
Contrastaban con la paz
De su vida y su dulzura;

Y supliendo la alta ciencia
Y el estudio de los sabios
Con el genio y la experiencia,
Cada frase era en sus labios
Una profunda sentencia.

A pesar de nuestra edad,
Nos puso en intimidad
El mismo amor de los dos
A la hirviente inmensidad
Que sirve de espejo a Dios:

Y aunque muy niño, al olvido
Dando amor, juegos y enojos,
Le escuchaba embebesido,
Con el alma en el oído
Y abierto, sin ver, los ojos

sábado, 6 de julio de 2013

Cartuja de Miraflores

XI

Cartuja de Miraflores

El ave teme desplegar el vuelo,
en la colmena enciérrase el enjambre,
el hombre en el hogar busca consuelo,
y trocados, en fin, la hartura en hambre,
en páramo el verjel, el agua en hielo,
la luz en sombras y en fragor la calma,
parece que gravitan sobre el alma
los nublados que cruzan por el cielo.

José Velarde

Este poema pertenece al libro Burgos : catedral, Cartuja, Huelgas : curiosidades, cosas notables de Burgos y sus cercanías

sábado, 29 de junio de 2013

Burgos : catedral, Cartuja, Huelgas : curiosidades, cosas notables de Burgos y sus cercanías

La Chanca Conil
VIII
Castillo. Arco de S. Martin y S. Esteban. Edificios militares

La noche, la edad media
tendió sus negras alas sobre el mundo,
¡pero qué labio habrá que la reproche
si el porvenir fecundo
se engendró en las tinieblas de esa noche?

José Velarde

Este poema pertenece al libro Burgos : catedral, Cartuja, Huelgas : curiosidades, cosas notables de Burgos y sus cercanías

Prólogo al libro de Augusto Llacayo: Burgos

Huerta Jardal
Burgos: Catedral, Cartuja, Huelgas: curiosidades,cosas notables de Burgos y sus cercanías

Lector amigo:

A pluma mejor cortada que la mía hallábase destinado el empeño de darte a conocer la noble figura del autor de este libro; pero años, achaques y tribulaciones afligiendo el ánimo del inmortal Zorrilla, que era el llamado a entenderse contigo, le llevan a descargar tal peso sobre mí, con lo que todos venimos a quedar mal, él sin gusto, tú descontento, yo abrumado y la memoria de Llacayo sin aquel brillo, estimación y grandeza con que la hubiera sublimado el ingenio de tan insigne vate.

Por mi parte te juro que, a no ser por la intima amistad que a Llacayo me unía, y por el respeto y cariño que a Zorrilla profeso, no hubiese aceptado esta encomienda; aunque si salgo mal de ella, no saldré al menos sin tu perdón, que a dármelo te obligan mi humildad y tu nobleza.

Frisaba Llacayo cuando yo conocí con los treinta de su edad. Era de mediana estatura, de buena complexión y de gallardo porte. Hablaban de su talento su despejada frente y el brillo de su ojos; de su dulzura y nobleza, el amable juego de su varonil fisonomía. Franco y generoso, abría su corazón a la amistad y al entusiasmo con la espontaneidad del niño; pero sin formar de este las veleidades, antes bien alimentado y acreciendo sus sentimientos con firmeza estoica y caridad cristiana.

sábado, 15 de junio de 2013

Toros y Cañas

TOROS Y CAÑAS

I

Todo en la ciudad es fiesta,
regocijo y algazara,
y ecos de guzlas, clarines,
atabales y dulzainas.

Verdes juncias y romero
alfombran calles y plazas,
en terrados y alminares
hay banderas desplegadas,

y colgaduras de seda
con rapacejos, y franjas,
y bordados y divisas
engalanando las casas.

En apretados cordones
ó en tropel las gentes ganan,
luciendo vistosos trajes,
la plaza de Vivarambla,

donde moros y cristianos,
el hierro trocado en gala,
hoy con júbilo celebran
fiesta de toros y cañas.
Titus Bar y Fuente Nueva

jueves, 6 de junio de 2013

Juegos del Alma

Pozo del Prado Castilnovo
La llama del sentimiento,
si la toca la razón,
se convierte en fuego fatuo,
que ni da luz ni calor.

El pensamiento más frío,
si toca en el corazón,
se enciende en llama que brilla
y calienta como el sol.

Feliz viva en su cordura
y tibieza el pensador
que al cariño pone tasa
y freno a la inspiración.

A ser tan cuerdo, mil veces
la insania prefiero yo,
y á ser tan tibio, abrasarme
en un incendio de amor.

José Velarde

Heraldo de Madrid 19/1/1895