jueves, 26 de mayo de 2011

Lucía de Castro y Hernandez Pizón

Viuda de Velarde
La señora
Dª Lucía de Castro y Pizón 
Viuda de Velarde
Ha fallecido el día 8 de Enero de 1920
Habiendo recibido los Santos Sacramentos y la bendición de S. S.
R.I.P.
Su director espiritual, sus hijos María del Rocío, y María de la Virgen de las Virtudes ( Religiosas reparadoras ausentes), D. Agustín, Doña Lucia, D. Alfonso y D. José; hija política doña Rafaela Gálligo; hermanos D. Manuel, doña María y doña Rafaela; hermanos políticos sobrinos y demás parientes
RUEGAN a sus amigos encomienden a Dios Nuestro señor el alma de la finada y asistan a la conducción de cadáver, que tendrá lugar hoy, a las cuatro de la tarde, desde calle de la  madera, numero 2, al cementerio de Nuestra señora de la Almudena, por lo que recibirán especial favor.
El duelo se despide en el sitio de costumbre - Se suplica el coche - No se reparten esquelas.
Los excelentísimos e ilustrísimos señores nuncios de Su Santidad obispos de Madrid-Alcalá, Sión y otros señores prelados han concedido indulgencias en la forma acostumbrada. Desde las siete de la mañana hasta las doce se dirán misas en la capilla ardiente.

martes, 24 de mayo de 2011

5ª Carta de Lucia Castro viuda de Velarde a Luis Montoto


Las Cabezas diciembre 12/[18]92
Sr. Dn. Luis Montoto
Mi distinguido amigo: el mal estado de mi salud y el extravío de los papeles que contenían datos para la biografía de mi inolvidable Pepe, me han obligado a demorar mi viaje a Sevilla y deseando una entrevista con V. no le he escrito como le prometí por que siempre esperaba poder realizarla de un día a otro.
V me dispensará por esta tardanza así como por el nuevo favor que voy a pedirle.
El jueves 15 por la tarde pienso ir a Sevilla y desearía ver a V. y darle de palabra algunos antecedentes.
Pasaré en casa de mi prima la Sra. de Cabrera, Alfonso 12 nº 35 quiero detenerme lo menos posible para no estar separada de mis hijos y para no dejar de ver a V. ni perder tiempo en otros asuntos que llevo le agradecería me contestara a este pueblo (Clle Castillo) diciéndome a que hora he de esperarlo en Sevilla en casa de mi prima advirtiéndole que elija V con entera libertad la que le sea menos molesta.
Desde Octubre que me vine aquí estoy mejoradísima pues los aires de mar me hacían mucho mal. Mucho me costó dejar Conil siquiera sea por poco tiempo y eso que aquí tengo el consuelo de estar con mi familia.
Cavestany me prometió iniciar a Tylli el asunto de la publicación de “Alegría” pero teniendo ya mis hijos asegurada una educación brillante y para mi una renta que con que modestísima, me permite vivir independiente no he querido molestar a nadie.
Doy gracias a Sr. Que en medio de mi terrible desgracia no me ha abandonado.
Mis hijos son modelos de bondad y aplicación pero para mi ya las mayores alegrías son tormentos indecibles.
Agustinito el mayor de los varones que tiene 10 años, ha aprobado un curso de latín en las vacaciones de verano
Los otros dos son 1º premios en sus colegios.
Rogándole nuevamente me perdone se repite de V. muy atenta y afma. q.s.m.b.
Lucia C. de Velarde
Esta carta se conserva en la Bibliotea General de la Universidad de Sevilla

sábado, 21 de mayo de 2011

A orillas del mar


A ORILLAS DEL MAR
José Velarde
A ORTEGA MUNILLA
Fotos de A. Cubiles

              I

Siempre que me hallo en la tierra
Hermosa donde nací,
Que aun á los moros aterra,
Alzada frente a la sierra
Del imperio marroquí,

Me suele el sol encontrar,
Cuando declina y desmaya,
Absorto viendo llegar
Á la arena de la playa
Las roncas olas del mar.

Ya sigo la blanca estela
De la bien ceñida nave
Que al dar al viento la vela,
Sobre las espumas vuela
Rozándolas como un ave;
Ya á algún pájaro marino
Que va tras el pez sin tino,
Zambulléndose en las olas,
E imitando con su trino
Dulcisimas barcarolas.

Ávido aún de belleza
Escalo el coronamiento
De una antigua fortaleza,
Que hunde en el mar el cimiento
Y en las nubes la cabeza;

Y á medida que adelanta
Mi ascensión, se me figura
Que la atlántica llanura
Lentamente se levanta
Suspendida de la altura.

Bien me pongo a contemplar
Los árboles de un pinar
Que parecen, inclinados
Ejércitos derrotados
Que van huyendo del mar

Estático de placer
Miro en las aguas caer,
Como en hirviente crisol,
El rojo disco del sol
Que se ensancha al descender,

Y al disiparse sus huellas
De amaranto y de carmín,
Aparecen las estrellas
Temblorosas, blancas, bellas,
Como flores de jazmín.

 


Llama en esto a la oración
El destemplado esquilón
De la ermita donde mora
La Virgen, dominadora
Del furibundo aquilón,

Y al escuchar el sonido,
El adusto marinero,
Que quizás juraba fiero,
Calla y se quita, vencido,
De la cabeza el sombrero;


Pues no existe en derredor
Marinero ó pescador,
Que al desamarrar la lona,
No le rece con fervor,
Una salve a su patrona;

Virgen santa, que presume
De no usar otra presea
Que de corales no sea,
Ni otro incienso que el perfume
Embriagador de la brea.

  



Y que por ricos ex-votos
Y por galas en su altar,
Quiere los vestidos rotos
De los náufragos devotos
Á quienes salva del mar.




 
             II

En las tardes de verano,
No ha mucho tiempo, solía
Encontrar allí un anciano
Que, como yo, se aplacía
Contemplando el océano.

El imperio de su faz,
Su nerviosa contextura
Y su voz áspera y dura
Contrastaban con la paz
De su vida y su dulzura;



Y supliendo la alta ciencia
Y el estudio de los sabios
Con el genio y la experiencia,
Cada frase era en sus labios
Una profunda sentencia.

A pesar de nuestra edad,
Nos puso en intimidad
El mismo amor de los dos
A la hirviente inmensidad
Que sirve de espejo a Dios:

Y aunque muy niño, al olvido
Dando amor, juegos y enojos,
Le escuchaba embebesido,
Con el alma en el oído
Y abierto, sin ver, los ojos.



 Una tarde en que la historia
Del valiente pueblo ibero
Trajimos a la memoria,
Jurando culto a su gloria
Y rencor al extranjero,

Con el habla estremecida
De quien tiene el alma herida
Por la pena o por el odio
-Oye -dijo- el episodio
-<
Más terrible de mi vida. >>-





Y temblando, absorto, mudo
Y con el rostro ceñudo
Permaneció largo rato,
Hasta que vencerle pudo
Y comenzar su relato.


 





                   III

-
Hasta el vengativo anhelo,
Encuentra dulce consuelo
O se convierte en amor
Cuando el alma mira al cielo;

Más allí los ojos guío,
Y el odio en el pecho mío
Se resuelve sin cesar,
Ya templado, ya bravío,
Siempre grande como el mar.

 






En vano vencerlo quiero;
Pues hallo dulzura en él,
Como las abejas miel
En las flores del romero,
Más amargas que la hiel.

Y es que esclava de ley dura
Desde el pecado de Adán,
En toda humana criatura
Fermenta la levadura
Maldecida de Satán,

 




Y hay heces en lo más hondo
Del alma del ser más bueno,
Como hay pestilente cieno
Depositado en el fondo
Del arroyo más sereno

IV

El primer recuerdo mío
<
Es haber visto a mi madre,
Una noche de agua y frío,
Besando con desvarío
El cadáver de mi padre;

 





sábado, 14 de mayo de 2011

A la inundación de las Provincias de Levante

Titus Bar
I


IDILIO

No acaba allí jamás la primavera:
El cierzo se entumece
Al dar en la cercana cordillera,
Y templado del sol en los fulgores,
Al llegar a los valles se adormece
Sobre un lecho de espigas y de flores.

Es aquel un jardín todo armonía:
Canta el jilguero en la floresta umbría,
La codorniz entre la mies granada,
Tierna arrulla la tórtola cuitada,
De pino en pino errante,
Y, el trémulo fulgor de las estrellas,
El ruiseñor amante
Entona sus dulcísimas querellas.

jueves, 12 de mayo de 2011

10ª Carta de José Velarde a Luis Montoto

Madrid 29 Enero 1880
Queridísimo Luis: con sumo placer he recibido su carta. No pasa día sin que me acuerde de V. Todos mis amigos lo saben y V. no puede ignorar lo mucho que lo quiero.
Mi pesadilla continua la constituyen los amigos de Sevilla y entre esos amigos V. el primero.
Di a V. la enhorabuena en mi nombre y en el de mi mujer por el feliz alumbramiento de su Sra de V. y no contestó V.
¡Cuantas cosas para V. no he dicho a los Álvarez cuando han estado aquí!
La otra noche se leyó mi poema en “El Español” y al ser llamado a la escena me encontré en el palco proscenio a Manolo Cano fue tanta mi alegría que me descompuse y le saludé marcadamente cada vez que salí.
¡Oh si tuviera de sobra 4.000 rs. para hacer un viaje a Andalucía!
¡Que mes tan delicioso íbamos ha pasar! Le juro a V. que no me iba a separar de us lado ni cuando fuera V. al palacio Arzobispal.
Dios querrá que esto suceda
Mi chica está monísima
¡Que ganas tengo de conocer a su retoño de V.!
“El Regreso” lo leí en secreto y en secreto lo tengo. V. no sabe que sacrificio estoy haciendo con tenerlo guardado. Quiere que todos mis amigos lo conozcan y lo saboreen como yo y le admiren tanto como yo le admiro.
Hoy le remito a V. el poema que hice para la inundación. No tiene nada de particular como V. verá
Adiós carísimo Luis, un abrazo a Álvarez y a todos los amigos.
Póngame V. a los pies de su Sra. bese mil y mil veces de mi parte al vástago y reciba un abrazo estrechísimo con todo el corazón de su amigo
Pepe
Porque no me manda V. “El Español” ¿quiere V. que le escriba correspondencia literaria?

Esta carta se conserva en la Bibliotea General de la Universidad de Sevilla

domingo, 8 de mayo de 2011

Estrofas

A SELLES, CON MOTIVO DEL ESTRENO DE EL NUDO GORDIANO

I

Yo, Eugenio amigo, adiviné en tu frente
la gestación penosa de una idea,
y esperé ansioso su explosión fulgente,
como bajo la nieve que blanquea
las cimas de graníticas montañas
se adivina el volcán, que al fin flamea
arrojando la luz de sus estrellas.

II

¿Qué has hecho? Di. Crear como Dios mismo
al ser que sufre, al que delinque, al que ama
al que duda entre el cielo y el abismo;
de un problema envolverlos en la trama,
dar fuego á la pasión, y ésta encendida,
choque, lucha, conflicto, muerte….. drama…
es decir, el retrato de la vida.

martes, 3 de mayo de 2011

La Poesía y el Poeta

Detalle Cruz de Moreno
A la memoria del insigne poeta D. Gabriel García Tassara

I

Ciega a los rayos de la luz del día,
La imbécil muchedumbre
Dice, Gabriel, que ha muerto la poesía,
Cual si pudiera el sol perder su lumbre,
Su canto el ave, el aura su gemido,
Su nieve la alta cumbre,
La flor su aroma y su calor el nido.

II

¿Acaso los instintos, las pasiones,
La fe y el amor tierno
Se han helado en los tristes corazones
Bajo la nieve de aterido invierno,
Y ya no tiene el corazón humano
El movimiento eterno
Y el ronco rebramar el Océano?