lunes, 26 de enero de 2015

El Poeta Velarde

Recorte de prensa enviado por D, Jorge Ortega Velarde
Tiempo hacía que estaba muy quebrada la salud del inspirado autor de Fray Juan; pero, aún hace poco, nada hacia temer su próximo fin.
La muerte, no obstante, le ha arrebatado en plenitud de la vida, rodeando sus últimos instantes de circunstancias muy tristes, que aún hacen doblemente sensible su pérdida
Era Velarde natural de Conil, provincia de Cádiz, y bien reflejaba en su temperamento poético su origen meridional. Cursó la facultad de medicina en aquella ciudad, y pasó después á Sevilla, donde vivió algunos años.
Cuando vino, más adelante, a Madrid, había renunciado por completo al ejercicio de su carrera, y hallábase dedicado enteramente al cultivo de las letras.
Pronto adquirió en esta corte merecida fama. Sus veladas en el Ateneo proporcionaronle varios ruidosos triunfos, y desde luego adquirió gran número de lectores en España y en América.
Ni el espacio ni la premura con que escribimos estas lineas nos permiten ahora intentar el estudio que la obra literaria de Velarde merece.
Verdad es que en los principios de su carrera literaria se resentían sus composiciones acaso de la influencia que ejercían á la sazón, y aún ejercen, la inspiración y el estilo de Nuñez de Arce, como en años anteriores produjeron análogos efectos las Rimas de Becquer; pero no es menos exacto que luego adquirió Velarde notoria personalidad, revelando excelentes facultades como poeta descriptivo principalmente, y como versificador fácil, gallardo y brillante.
En sus tomos de poesias hay composiciones tan bellas como las célebres décimas A Dios, y su canto á la inundación de Murcia, por ejemplo. Sus poemas y leyendas Meditación ante unas ruinas, Fray Juan, Fernando de Laredo, La niña de Gomez Arias, El ultimo beso, El capitán García, La velada, La venganza y Alegría, son notables en general, y abundan en descripciones, imágenes y estrofas de verdadero mérito.
También escribió, en colaboración con el señor Cabestany, un drama en tres actos titulado Pedro el Bastardo, que se representó con éxito en el Teatro Español.
Velarde era persona de gran ilustración y trato muy ameno; leal y constante en sus afecciones como quien más.
Tenía muchos y buenos amigos. su muerte ha sido muy sentida, y merecía serlo.
Su madre vive aún. deja además en amargo duelo a su viuda y siete hijos. ¡Dios dé á su alma la paz por que tanto luchó en este mundo!

sábado, 17 de enero de 2015

La carta de Jorge L. Ortega Velarde

Mi nombre es Jorge Luis Ortega Velarde, soy argentino y descendiente de Agustín Velarde.

Mi bisabuela era hermana de José Velarde

Tengo en mi poder los recortes periodísticos que relatan la velada que se llevara a cabo en el Teatro La Princesa de la ciudad de Madrid, función realizada a beneficio de la viuda de José Velarde.

“Compartía el palco regio la Reina doña Isabel y la Infanta con el mismo nombre.

Las damas encargadas de organizar la fiesta, Duquesas de Alba y del Infantado, Condesa viuda de Torrejón, Marquesa de Hoyos y Doña Margarita Andoaga de  Cavestany, pueden estar satisfechas”.

Tanto los artistas y el autor donaron todo lo recaudado a favor de la viuda y sus hijos.

Enriqueta Velarde de Ortega, y Enrique Ortega, su marido vienen a la Argentina en la década de 1870, haciendo Enrique Ortega, mi bisabuelo. Una importantísima carrera periodística, muriendo en 1912 como subdirector del diario La Prensa, siendo por esa época el periódico de mayor tirada de habla hispana.

Estoy buscando los antecedentes de los Velarde.

También tengo una carta original a Demetrio Velarde, quien, creo, es el padre de Aguistín, el abuelo de José Velarde.

Le ruego que cualquier información que tuviese me la hiciera llegar por este medio.

Deseándole un muy próspero 2015.

Jorge Ortega Velarde.


jueves, 8 de enero de 2015

El Otoño

Playa de los Bateles
A mi querido amigo Manuel Benjumeda

I

El otoño es tristeza y agonía;
Todo en él languidece;
El luminar del día
Oblicuos rayos sin calor envía,
Se aparta del zenit y palidece.
En olvidado surco cae la hoja
Que sirvió de pomposa vestidura
Al árbol que de galas se despoja,
Siendo mudo esqueleto en la llanura;
La locuaz golondrina
Aterida de frío,
A más benigno suelo se encamina;
El agua del torrente enturbia el río,
La brisa se hace cierzo, silba y ruge,
El ave calla, se marchita el fruto,
El mar enronquecido sordo muge
Y amenazante aterra;
La nube tiene por el cielo el luto
Y un sudario de nieve por la tierra,
Y en el monte desierto
Oye el pastor temblando la campana
De la ermita lejana
Con fúnebre clamor tocando a muerto.