sábado, 30 de junio de 2012

Ante un Crucifijo

Cruz de Moreno
A mi Querido Amigo Juan Fuentes

I

Incienso, luz, armonía
Llevar quiero a tus altares,
¡Oh Dios! Que enfrenas los mares
Y enciendes de un beso el día:
Así, que mi alma te envía
Al altar del firmamento,
Como armonía un acento,
Lleno de santo fervor,
Como perfume el amor,
Como luz, el pensamiento.

II

Cuando ante ti reverente
A orar me postro de hinojos,
Asoma el llanto a mis ojos
Y lo infinito a mi mente:
Y siento sobre mi frente,
Nublada por el desvelo,
Bajar en callado vuelo
El hilo de luz fecundo,
Por donde vienen al mundo
Las bendiciones del cielo.

lunes, 25 de junio de 2012

La niña de Gómez Arias


A MI QUERIDO AMIGO Y MAESTRO DON ANTONIO SÁNCHEZ MOGUEL

¿A dónde irá, caballero
En su yegua jerezana,
Tan de noche y de camino,
El mancebo Gómez Arias?

No a buena parte, le juro,
Cuando el semblante recata,
Recela de quien le mira
Y todo le sobresalta.

Recelo engendra el delito,
Busca sombra la acechanza;
Que la virtud no huye el rostro,
Ni teme conciencia honrada.

martes, 19 de junio de 2012

Alfoso XII y Velarde 25/2/1892

La Correspondencia de España
Actualidades
José Velarde
Leído el articulo del 25 de febrero del 1892 de la Correspondencia Española para Provincias, que transcribo bajo esta lineas, y queriendo saber si existían datos de esa amistad con Alfonso XII, escribí las tres cartas que se muestran en esta nueva entrada. 

José Velarde era modesto a tal extremo, que esta condición hubo de perjudicarlo durante toda su vida. Jamás buscó ni solicitó a los que pudieran favorecerle, y hasta rehuía hablar  de sus estrecheses, que en algunos momentos eran bien graves, con aquellas personas que se interesaban por él y repetidamente le habían ofrecido su protección y ayuda.
El rey Alfonso XII era entusiasta admirador del joven poeta, sabia muchos de sus versos, y estimaba, en cuanto valían , sus hermosas condiciones.
Esta décima que recitaba con entusiasmo el monarca, basta por si sola para probar lo que era como paisajista.

De los campos de esmeralda
no queda ya ni el rastrojo,
y, seco el pámpano rojo,
pierde la vid su guirnalda.
Con un haz de leña a la espalda
Vuelve el rustico al hogar,
y hay solo por cosechar
la aceituna que negrea
y que el mirlo picotea
silbando en el olivar.

Velarde no recurrió, sin embargo, a tan valioso protector, ni aun en sus mayores apuros. Lo mismo ha hecho con muchas influyentes y aristocráticas familias, cuyo trato frecuentaba con intimidad.

En este enlace puedes ver los registro a los que se refiere la ultima carta

lunes, 11 de junio de 2012

Alarcón y Voces del alma

Ojeando libros del siglo XIX en nuestra biblioteca José Velarde de Conil, fueron a parar a mis manos dos obras de Alarcón poeta y amigo de nuestro querido Velarde, cual fue mi sorpresa al ver que en el índice de Cuentos amatorios (1884), en prensa aun si editar me encontré Voces del alma y en el de Viajes por España (1892) el tomo de Voces del alma ya publicado