sábado, 4 de mayo de 2013

De como nació El Quijote

José Velarde Yusti
Foto donada por Esther Riobo
AL SR. D. L. MONTOTO

I

Era una prisión oscura,
En bóveda terminada,
Bajo tierra socavada,
A guisa de sepultura;
Lúgubre cual la amargura,
Tan húmeda como el llanto,
Triste como el desencanto,
Como la barbarie fuerte,
Silenciosa cual la muerte
Y horrible como el espanto.


II

Luz tenue que vacilaba
Con sus trémulos fulgores,
Aquella mansión de horrores
Levemente iluminada.
Un hombre allí dormitaba
Sobre desnudo tablado,
Teniendo una mesa al lado,
Y en ella pluma, tintero,
El moribundo mechero
Y un papel emborronado.

III

A impulso de hondo pesar,
El hombre a veces gemía;
Y el lecho entonces crujía,
Gimiendo del hombre al par:
Para su duelo aumentar,
La humedad se condensaba
En el techo, y goteaba:
Parecía que al exceso
De la desdicha del preso
Hasta la roca lloraba.

IV


A veces interrumpía
Aquel constante clamor,
El ruido atronador
De alegre y cercana orgía .
¡Sólo un muro dividía
La buena y la mala suerte;
Pero muy fuerte, tan fuerte,
Como la losa que, avara,
En el sepulcro separa
A la vida de la muerte!

V

Creciendo en agitación,
El infeliz balbuceaba,
Y vibrando se apagaba
Lento el eco en la prisión.
A tal llegó su pasión,
Su delirio y desconcierto,
Que, entre dormido y despierto,
De repente irguióse altivo
Con la voluntad de un vivo
Y la rigidez de un muerto.

VI

Su actitud causa horror;
Sus ojos centelleaban
Y sus labios se agitaban
En convulsivo temblor
Lívido era su color
Y respiraba con pena;
Azulada y gruesa vena
Dilatábase en su cuello,
Y erizaba su cabello
Como el león la melena.

VII


Con extraña entonación.
Su nombre dice aquel hombre,
Y a los ecos de su nombre
Se estremece la prisión.
La sonora vibración,
Que por lo gigante arredra,
Rebota en la tosca piedra,
Y con eco ronco y duro
Repiten bóveda y muro:
-Miguel Cervantes Saavedra!-

VIII

-Aqueste nombre – prosigue –
Es emblema de dolor;
No hay desventura mayor
Que la que a mí me persigue!
¡No hay bálsamo que mitigue
El pesar de mi alma herida;
La fortuna maldecida,
Negándome sus favores,
Eslabonó con dolores
La cadena de mi vida!

IX

-A ser humilde criado
Arrastróme la pobreza,
Teniendo yo mas grandeza
Que el más grande potentado:
A bajar vime obligado
La altiva, orgullosa frente
Do el genio palpita ardiente,
Para comer con afán
El trozo amargo de pan
Que se le arroja a un sirviente.

X


-Soldado, luché con saña
Y un brazo perdí en Lepanto:
Más tarde derramé el llanto
Del cautivo en tierra extraña:
Libre, seguí de mi España
El victorioso pendón,
Y en tan gloriosa ocasión
Escribí La Galatea,
Dando más fuego a la idea
Con el fuego del cañón.

XI

-Después... después escribía
Para el sustento ganar,
Teniéndome que igualar
Al vulgo que me leía.
Nunca en mis obras podía
Libre el ingenio lucir.
¿Lo que puedo yo decir,
Lo que puede el vulgo entender?
¡Escribir para comer
Es no comer, ni escribir!-

XII

Dijo: lágrima candente
Por su mejilla rodó,
Y en la mano reclinó
La sudosa y ancha frente.
Todo en silencio imponente
Quedóse; sólo se oía
El tablado que crujía,
El techo que goteaba,
Y del hombre que lloraba
El corazón que latía.

XIII

Y prosiguió:  ya que el mundo
Me desprecia y martiriza,
Le obligaré a entrar en liza
Con mi talento fecundo.
Que su ira y rencor profundo
La sociedad en mí agote;
Un libro será el azote
De una ciega sociedad
¡Yo derribaré una edad
Con un poema, El Quijote!

XIV


-Yo la hundiré. ¿Qué no puede
Fundado en el bien, el genio?
Sale del mundo al proscenio
Y todo a su paso cede.
Luz a la sombra sucede,
La maldad en vano ruge,
El hondo cimiento cruje
Del error, y viene a tierra
Cual se derrumba la sierra
Del terremoto al empuje.

XV

Y pues causa al hombre espanto
La verdad seca y concisa,
Se la enseñaré con risa,
Aunque la escriba con llanto.
Daré del chiste el encanto
A la pena que me abruma;
Así el sol dora la bruma,
Y el mar oculta el tormento
Con que le castiga el viento,
Alzando risueña espuma.-

XVI

-Dijo – marchó de repente
Hacia la mesa, llorando,
Y pluma y papel hallando,
Después de azotar su frente,
Escribió rápidamente
Con letra corrida y ancha:
-En un lugar de la mancha,
De cuyo nombre no quiero...
Y prosiguió tan ligero
Como rueda la avalancha.

XVII

Algún tiempo era pasado,
La escasa luz se extinguía,
Y aun aquel hombre escribía
Por su genio iluminado.
Da en tierra, al fin desplomado
Cual muro que se derrumba...
Apenas el eco zumba,
La luz muere, y la prisión,
Más que del hombre mansión,
Parece una horrible tumba

José Velarde

Abril 1875

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